
La "iglesia roja" peregrina a la parroquia de la Cañada Real en solidaridadMadrid, 28 oct 07 (EFE).- Los fieles de la iglesia madrileña de San Carlos Borromeo, que fue cerrada por el Arzobispado de Madrid, han acudido hoy a celebrar la eucaristía a la parroquia de la Cañada Real para mostrar su apoyo a los vecinos y a los voluntarios que trabajan en la zona.
Capitaneados por Javier Baeza y por Enrique de Castro, dos de los curas de la llamada "iglesia roja de Vallecas", decenas de feligreses, muchos de los cuales también vivieron en núcleos de chabolas, han acudido a la parroquia de Santo Domingo de la Calzada, situada a pocos metros de una de las zonas de venta de drogas más importantes de la capital, a celebrar la eucaristía.
"Nosotros que creemos en el maridaje entre la fe y la lucha por la justicia queríamos unirnos a vosotros, que estáis luchando y sufriendo pero con muchísimas esperanza, y venir hasta aquí en peregrinación", dijo Baeza a los creyentes que todavía acuden los domingos a esta pequeña parroquia donde la cruz es de ladrillos ligados a la pared para que nadie pueda robarla.
"Tenéis más fuerza que el cardenal, porque habéis conseguido que dejemos nuestra parroquia para venir aquí", bromeó el párroco durante la apertura de la ceremonia, a la que también acudieron cristianos de otras comunidades de base, caracterizadas por la creencia de que "otra Iglesia es posible".
Tras la lectura de los evangelios, el cura que acude como "invitado" a ofrecer misa todos los domingos a la Cañada, el jesuita Vicente Pascual, ha cedido la palabra a los vecinos y a los visitantes para comentar las lecturas, así como los acontecimientos que han sucedido en el barrio durante la semana.
"Seguimos viendo todos los días a gente que se está muriendo y encima viene la policía a derribarles la casa", ha señalado Aurelia, una mujer que, a pesar de su avanzada edad, se resiste a abandonar la Cañada, una zona por donde "antes podía pasear con las vecinas y que ahora tengo que dejar llorando", comenta otra de las fieles.
Antonio, un voluntario que acude todos los miércoles con su hija para ayudar en tareas de escolarización a las madres rumanas que viven en la zona conocida como el "gallinero" también ha pedido la palabra para comentar que los últimos días han sido "muy intensos", pero que, "a pesar de las piedras y las bombonas de butano", en la Cañada también "pasan cosas buenas".
"Hace dos domingos una abogada voluntaria consiguió paralizar el derribo de siete chabolas donde viven ocho niños", ha alegado Antonio, quien ha asegurado que, de la entrevista que mantuvieron el pasado martes con la delegada de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid, Pilar Martínez, consiguieron "una respuesta políticamente correcta y poco más".
Pascual, que oficiará misa en Santo Domingo hasta que el vicario nombre un párroco, ha comentado a Efe que son los voluntarios los que verdaderamente llevan la parroquia y "denuncian" los problemas que concurren en la Cañada, "de educación, de terrenos, de migración y de droga", conflictos que también afectan "a la gente que tiene su casa de forma legal".

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